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5 Noviembre 2019

De cómo el arte facilita que el espectador entre en contacto con su mundo interno

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Actualmente, existen muchas formas de entrar en contacto con nuestro mundo interno desde la meditación hasta el yoga e incluso el arte.

En La Vaca Independiente, llevamos casi 25 años facilitando, a través del arte visual, que los espectadores entren en contacto consigo mismos mediante la implementación de metodologías que promueven la educación socioemocional, pilar fundamental para la construcción de una sociedad más armónica.

¿Cómo lo hacemos?

El primer paso para el desarrollo de habilidades afectivas es aprender a contactar con las sensaciones, estar atento y ser consciente de ellas. En la obra de arte visual, se presenta de un modo inmediato y simultáneo, la multitud de matices presentes en la emoción humana[1]. Por eso el arte es un estímulo propicio para explorar el paisaje interior, para descubrir y diferenciar las propias emociones, sensaciones y sentimientos al intentar descifrar el porqué una determinada imagen, y no otras, produce ese tipo de reacciones al ser observada.

Al reconocer y nombrar sentimientos y emociones en una imagen, nos hacemos conscientes de los diferentes estados de ánimo, tanto los propios como los de los demás, así como de las distintas maneras de expresarlos. Y a través de la mediación, en las sesiones dia®, los participantes tienen una oportunidad para conocer y entender que las emociones no son ni buenas ni malas, que las emociones son naturales pero que existen muchas formas de vivirlas de modo que, al aprender a identificar sus causas y efectos, seamos capaces de buscar alternativas para manejarlas y expresarlas de manera adecuada.

Es fundamental tener presente la emoción opuesta a la que estamos sintiendo para poder movernos hacia otra y así, transitar de aquellas que nos limitan o bloquean, hacia aquellas que nos liberan y nos hacen crecer. Observar la tristeza nos permite hablar de la felicidad, el enojo de la alegría, la frustración de la satisfacción, el dolor del gozo, el desagrado del agrado.

El hecho de que el alumno exprese sus ideas y sentimientos, que se sienta escuchado y apreciado, tanto por el mediador como por el grupo, le da mayor seguridad y confianza en sí mismo, estimulando la búsqueda de su propia identidad y el florecimiento de su personalidad.

La exposición mediada y reflexiva a las obras de arte nos da la posibilidad de conocernos a nosotros mismos, porque reconocemos en ellas elementos que nos son familiares; es decir, situaciones, ideas o sentimientos que están en nosotros, mismos que hacemos conscientes en el momento de verlos desplegados en la imagen.

Este proceso de autoconocimiento nos permite reconsiderar nuestras propias ideas, creencias, actitudes y formas de comportamiento para transformarlas. Al hacer esto estamos modificando y creando nuevas estructuras en nuestro organismo, lo que se traduce en nuestro bienestar, entendido como la capacidad que tiene el individuo para adaptarse de manera armónica y flexible tanto a las exigencias del medio como a la satisfacción de las propias necesidades.

Los alumnos suelen hablar de aquello que es cercano a su experiencia personal, de lo que les gusta y los motiva, así como de lo que les desagrada. Esto ayuda al mediador a conocerlos mejor como personas y, por lo tanto, le da más herramientas para mediarlos. En términos generales, existen muy pocos espacios para explorar y hablar de las emociones, la metodología dia® al utilizar el arte como estímulo, ofrece esta oportunidad.

Estephanie González