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26 Junio 2020

Mediación de Espacios Resilientes: Construyendo lugares seguros para todos

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¿Recuerdas tu salón de clases cuando ibas a la primaria?, ¿cómo recuerdas ese lugar?, ¿era oscuro o luminoso?, ¿ordenado?, ¿alegre?, ¿lo disfrutabas?, ¿te sentías seguro?

La escuela representa para muchos niños el único lugar seguro que tienen, sobre todo para aquellos que viven en casa situaciones de violencia y abuso. Con la llegada del Covid-19 y el inicio de la contingencia, ese refugio quedó suspendido para muchos. 

Encerrados en nuestras casas y con nuestras familias, algunos de nosotros buscamos convertir nuestro hogar en un espacio agradable. Un lugar que nos permita sobrellevar la situación de la mejor manera. 

Por eso el Instituto DIA planteó una gran oferta de talleres, cursos y actividades virtuales que fueran de reflexión, aprendizaje y bienestar para docentes, padres de familia y público en general. Entre la oferta se originó el Taller Mediación de Espacios Resilientes. 

Nuestra mediadora Delia Gallegos fue quien presentó el taller y nos contó cómo nació esta iniciativa: 

“A nivel personal estaba viviendo una de esas crisis que la vida suele presentar y un día me pregunté: ¿Cómo hacemos los seres humanos para continuar, para levantarnos cada día y seguir adelante a pesar de las adversidades? ¿Qué nos impulsa a tener un sentido en nuestra vida que nos haga aprender de las circunstancias y sacar lo mejor de nosotros?”

Luego de hacerse estas preguntas, Delia reconoció el valor de ser resiliente y la importancia de hablar de ello, sobretodo en estos tiempos de crisis que vivimos como humanidad. 

Según Stefan Vanistendael, la resiliencia es la capacidad de una persona o un grupo para superar grandes dificultades y reconstruir la vida. 

Así que Delia preparó el taller con la intención de que los participantes se reconocieran como personas resilientes, y que encontraran en ese espacio reflexiones y herramientas que pudieran llevar a la práctica para hacer de sus aulas y/o hogares un lugar en donde los alumnos e hijos se sientan seguros, protegidos y en un ambiente de confianza. 

El taller puede tomarlo cualquiera pero va dirigido especialmente a docentes y padres de familia, Delia nos explicó por qué:

“Son ellos quienes conviven de cerca con los niños y jóvenes. Ellos, al estar tan de cerca con la infancia, son quienes pueden sembrar semillas de cambio, de aprendizaje y de humanidad”. 

Hasta ahora, las sesiones han sido creativas, emotivas y muy reflexivas. Una pregunta común que ha surgido en los encuentros es la cuestión de si realmente las aulas ofrecen un lugar donde los niños se sienten aceptados y seguros y qué hacer para que así sea. 

Gracias al diálogo que se genera, se intercambian ideas y herramientas que se pueden emplear, a continuación algunas aportaciones de nuestros participantes: 

“Es importante recibir bien a los niños, a veces tienen ambientes en sus casas desfavorables, tenemos que ser muy empáticos con ellos, escucharlos y centrar la atención en lo que tenemos que decirles”.

“Tenemos que generar un espacio de cordialidad, respeto y empatía”.

“Cuidar nuestra actitud como docentes, mostrarnos tranquilos y alegres, que se sientan a gusto y bien recibidos. Si nosotros estamos bien emocionalmente, vamos a propiciar en los niños esa tranquilidad”.

“El aula debe ser un lugar cómodo, donde el niño tenga material para poder expresarse y que haya estímulos adecuados a las necesidades de cada uno”.

“Tener un ambiente estructurado, ordenado, cálido y normado, debemos empezar con ciertas reglas, establecer junto con los niños acuerdos, qué se va a permitir y qué no”.

“Ser afectos y cercanos a ellos, que se sientan aceptados y queridos”. 

“Evitar el famoso cállate y siéntate”.

“Trasladar el aula a espacios abiertos porque ya estuvimos mucho tiempo encerrados”.

“Olvidar un poco las áreas escolares y enfocarnos en sus necesidades socioemocionales”.

“Hay que estar abiertos con nuestros sentidos: mirarlos, escucharlos, hablar con ellos, conocer sus necesidades, somos un eje fundamental en esta resiliencia, ser sensibles, cálidos, amorosos, habría que monitorear si con mis niños soy un maestro amoroso, acogedor, porque eso es lo que necesitan”.

“En este regreso vamos a necesitar materiales para la paz, la música, lo artístico, lo modelado, materiales que sirvan para el desahogo, que ellos sepan que pueden decirnos lo que quieran”.

Escuchar y conocer maestras y maestros interesados en el bienestar de sus alumnos y ocupados por acogerlos en el regreso a clases es un abrazo al corazón. La esperanza de que nada está perdido. 

Delia Gallegos explica que la resiliencia depende de la personalidad de cada uno, pero que se puede lograr fácilmente con el acompañamiento de los demás, pues uno no puede enfrentarse a todo en soledad, el acompañamiento respetuoso y cariñoso es algo que necesitamos todos para superar una crisis. 

“Hoy más que nunca estoy convencida de la importancia de la comunidad y de lo trascendente que es salir adelante juntos, siempre cercanos a otros que nos contengan y nos amen”, dice Delia.

La resiliencia es un acto humilde que se construye poco a poco. También es fundamental aceptar a las personas tal y como son, porque esto genera sentido de pertenencia y al sentirse aceptados pueden encontrar la fuerza necesaria para aprender de la adversidad y reponerse. 

Aunque todavía no sabemos el panorama que vamos a enfrentar al regreso a clases o incluso cuándo será el regreso, es muy importante que haya espacios como este, que brinden la posibilidad de ser una comunidad resiliente. 

Aída Quintanar
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