Blog

5 Noviembre 2019

A volar la imaginación: la pijamada literaria, un ejemplo de mediación

...

En las alas de los libros está escrita la sabiduría de la humanidad

Airam Zaid

Los libros y la lectura parecen formar parte de un mundo lejano y distante de los niños y jóvenes, porque lo ven y perciben como algo aburrido, inerte, sin vida, impuesto, una ventana muy cuadrada y siempre con la misma forma. Sin embargo, la lectura es una puerta a mundos reales e imaginarios, donde se recrean una serie de personajes que nos hacen sentir y vivir un sinfín de momentos de magia, encanto, amor, dolor y enojo, porque los conectamos con nuestra experiencia y nuestro sentir.

Leer con nuestros hijos, con nuestros alumnos, debe ser un acto sistemático, permitiéndonos compartir y disfrutar de los textos para tener un encuentro donde el autor nos manifiesta a sus personajes y una historia que nos hace vibrar e imaginar cada paso para ir tejiendo y prediciendo algunos de los acontecimientos. También desarrollar una sensibilidad para interpretar y aprender de las historias que quedan grabadas en el corazón para después irradiar esos aprendizajes a nuestro día a día.

Una lectura activa nos ayuda a generar relaciones más humanas y sin duda favorecemos una serie de habilidades para la vida: a ser empáticos, a tener una percepción del mundo más amplia o enriquecer la forma en que nombramos la existencia.

Comparto una estrategia muy creativa de una maestra de San Luis Potosí. Se llama Pijamada Literaria y esperamos te dé algunas ideas para llevarla a cabo.

Propósito: Fomentar la lectura, para contribuir en la convivencia entre compañeros.

Materiales:

  • Venir en pijama
  • Libro favorito
  • Cobija pequeña
  • Muñeco favorito
  • Almohada
  • Lunch para compartir

Actividades a realizar:

  • Bienvenida por el docente o practicante del grupo.
  • Mostrar el nombre del libro, preguntar ¿De qué tratará?
  • Leer entre todos los párrafos
  • Dibujar lo que más les gusta de su libro favorito
  • Compartir audicuentos con títeres
  • Compartir experiencias sobre ¿Cómo se sintieron? ¿Qué les gustó? ¿Qué aprendieron?
  • Intercambiar lunch

Con esta experiencia se genera un espacio de confianza, seguridad y risas.

[1] Joaquín Lorda, “Arte y metáfora”, en Gombrich: una teoría del arte, Ediciones Internacionales Universitarias, Navarra, 1991, pág. 248.

Cristina Díaz