Repensar la naturaleza en tiempos de pandemia
Por: Gerardo Alquicira Zariñán
22 | 09 | 2021

La reciente pandemia nos ha mostrado que es posible frenar el daño al medio ambiente si cambiamos la forma de relacionarnos con la naturaleza.

Esta pandemia ha sido, en gran medida, un asunto ecológico. En su fondo, la propagación mundial del virus tuvo el mismo fundamento que ha guiado la manera en la que nos hemos relacionado hasta ahora con la naturaleza: la transgresión de un límite crítico. Con las industrias detenidas, las calles desoladas, los cielos despejados y las aguas cristalinas, muchos animales salvajes cruzaron la barrera que separa sus hábitats de las grandes urbes, como antes los humanos atravesamos esa misma frontera para comercializar animales que pueden ser portadores de enfermedades zoonóticas.

Si antes la ciencia ya nos había advertido que, para frenar la veloz degradación del planeta, es urgente aprender a respetar de nuevo los límites propios del orden natural, el covid nos mostró qué tan lejos pueden llegar las consecuencias de la presión que ejercemos sobre la naturaleza y sus recursos.

Transformar nuestra relación con el medio ambiente es tan difícil como trastocar los cimientos mismos de la sociedad, pero esa es la única forma que nos queda para evitar un daño ecológico irremediable. El coronavirus ha sido tanto un problema sanitario como un desafío sociopolítico que nos ha orillado a repensar la forma en la que entendemos el orden social, la economía, la cultura, la salud pública, el sistema educativo y hasta las relaciones laborales. Por ello, es necesario repensar qué límites de la sostenibilidad ambiental estamos rebasando: somos huéspedes de un planeta enfermo, regido por una serie de leyes internas que debemos observar puntualmente para ayudar a aliviarlo.

Pandemia y naturaleza

Un biosistema saludable funciona como una protección natural contra las enfermedades transmitidas entre especies, pues su alteración obliga a sus habitantes a que abandonen su hogar para buscar mejores condiciones de supervivencia. Perturbar el equilibrio ecológico puede tener consecuencias muy graves para todos los seres vivos que habitan este planeta, porque borra toda noción de límite entre diferentes sistemas biológicos.

El cambio climático ha jugado un papel fundamental en la propagación de la pandemia, dado que la destrucción de los hábitats naturales ha motivado tanto el desplazamiento de animales que portan virus, como una elevada contaminación, lo que debilita seriamente nuestro sistema inmunológico y nuestras vías respiratorias. La destrucción de los ecosistemas ha propiciado que el coronavirus alcance casi todos los rincones del planeta, y puede seguir provocando crisis sanitarias similares si no ponemos manos a la obra para reducir al mínimo la explotación de recursos y la invasión humana de los espacios reservados para el desarrollo de la fauna y la flora silvestres.

Nuestra forma de relacionarnos con el entorno, invadiendo hábitats que no nos pertenecen, degradando ecosistemas y poniéndonos en contacto directo con animales salvajes a través de la cacería y el tráfico ilegal de especies, seguirán facilitando el salto entre especies de enfermedades cada vez más desafiantes para nuestros sistemas de salud.

Turismo y medio ambiente

Delfines merodeando por los canales de Venecia, diversos episodios de bioluminiscencia en las playas de Acapulco, pumas que recorrían las despobladas calles de Santiago de Chile, el nacimiento de un mono tití cabeza blanca en un zoológico de Guadalajara, una manada enardecida de monos en la Plaza Lopburi en Tailandia… Como la mayoría de los países del mundo suspendieron las actividades turísticas al interior de sus fronteras durante la mayor parte del 2020, la flora y la fauna mundiales, sofocados por el constante bullicio humano, tuvieron un respiro momentáneo: los sitios que solíamos visitar en nuestras vacaciones pudieron disfrutar de sus propias vacaciones, lejos del ajetreo turístico cotidiano.

La suspensión del turismo mundial ha significado una oportunidad inmejorable para repensar la relación que guardan nuestros hábitos turísticos con la naturaleza. Tras el confinamiento hemos aprendido que muchas veces nuestro placer se construye sobre la perturbación de la naturaleza y que, si bien es cierto que los seres humanos necesitamos el contacto íntimo con la naturaleza, existen formas para conocer un sitio y apreciarlo en todo su esplendor sin salir de casa.

En el internet existe, por ejemplo, una infinidad de páginas donde podemos admirar lugares maravillosos, como la de los Parques Nacionales Naturales de Colombia, que ofrece visualizaciones y trasmisiones en tiempo real del ánimo selvático colombiano; herramientas de Google, como Map Tracks —que nos permite recrear rutas a pie a través de fascinantes entornos naturales e históricos como las Islas Galápagos, el monte Fuji, el Amazonas o el Parque Nacional de Yosemite— o Google Earth —donde podemos conocer el santuario de las mariposas monarcas, el Parque Nacional Cofre de Perote o el Nevado de Toluca—; y UPM Forest Life (en inglés), donde podemos realizar una caminata virtual e interactiva a través de un bosque.

La naturaleza y nuestro estado de ánimo

Repensar la naturaleza en tiempos de pandemia implica un movimiento bilateral: no solo se trata de revisar el impacto de nuestros hábitos en el medio ambiente y la planeación de estrategias sólidas que repliquen y magnifiquen los milagros ecológicos que presenciamos el año pasado; también implica reconocer ese otro mundo que vive y respira paralelo a la humanidad, y comprender los beneficios de reconectarnos con su impulso vital.

Alguna vez en la vida, todos hemos experimentado los efectos positivos que contemplar el mundo natural tiene en nuestra salud emocional. Es bien sabido que conectar con ella a través de la jardinería, la agricultura doméstica o las caminatas matutinas, por ejemplo, puede ayudarnos a sentir bienestar, ganar más energía y encontrarle un sentido más profundo a la existencia, porque la naturaleza es cíclica, y sus vaivenes vitales son un gran estímulo para nuestro estado de ánimo. La naturaleza nos dice que la noche no es eterna, que el césped volverá a reverdecer, que los árboles darán frutos el siguiente año y que la vida se renovará una y otra vez. 

Reaprender esta moraleja también es un requerimiento ineludible para empezar a cambiar nuestra relación con la naturaleza: es nuestro deber propiciar la renovación de todos los seres naturales.

Iniciativa de la Comunidad DIA

Aprovechamos para invitarte a participar en esta sesión dia, organizada por los miembros de la Comunidad DIA y que tiene la intención de activar nuestro potencial creativo, la comunicación y la escucha atenta para reconocer nuestro entorno natural e identificar un problema que nos afecte a todas y todos, y, a partir de ello crear soluciones innovadoras con una perspectiva colaborativa.

Para participar, regístrate aquí.

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