Un recuerdo angular
Por: Nora Mata Nieto
03 | 02 | 2022

Esta es una de las historias ganadoras de nuestro concurso “Historias de Oro 2021”, el cual busca reconocer a las comunidades educativas por activarse e ir más allá de las dificultades que se les han presentado en los últimos años.

¡Hola!, es un gusto saludarte. Sobre todo ahora cuando en los buenos días se limitan a levantar la mano en una reunión virtual. Soy Nora Mata Nieto, maestra de profesión y ejerzo en la escuela primaria “Carlos Fuentes” ubicada en la periferia del municipio de San Juan del Río, en el estado de Querétaro.

La mejor definición de la zona donde trabajo sería “área conurbada”, ya que nace entre grandes zonas de cultivo y converge con el nuevo parque industrial que llegó acompañado de sus inseparables desarrollos habitacionales de vivienda miniatura con vecinos comunales en cuyo patio caben ocho casas de interés social.

El año 2021 llegó con la continuidad de la pandemia mundial, esta es nuestra nueva realidad. La normalidad nunca volverá a ser como antes. Uno de los principales desafíos a los que me enfrenté como docente es el de brindar atención a los alumnos con nuevas necesidades educativas. Como carne de cañón, recibieron cambios de golpe, hay familias que se desintegraron ante la presión social y las carencias económicas. Hubo padres de familia que emigraron, dejaron el hogar en busca de sustento. Se constituyeron nuevos modelos familiares.

Socialmente, el aislamiento no dejó a nadie indiferente, por naturaleza somos seres sociales y las normas impuestas por salud limitaron enormemente lo que más necesitamos: el contacto humano. El miedo y la ansiedad fueron visitantes recurrentes en el diario vivir de los niños, niñas y adolescentes. Adicionalmente, hubo demandas por dispositivos y conectividad, sin importar que hubiera familias cuyo ingreso económico diario se debatía entre la compra de datos para navegar o la adquisición de artículos de primera necesidad. Si hay un ser vapuleado y obligado a adaptarse ese, esos, ellos son nuestros alumnos.

¿Qué opciones tenía? Continuar con una práctica a medias donde lo híbrido consistía en entregar cuadernillos impresos y dar clases en línea una vez a la semana o investigar para aprender. Ser potencialmente autodidacta, adaptarme como docente a las metodologías emergentes, poner en práctica estrategias de intervención… aprender para crecer, ser para saber y solo así enseñar. Las capacitaciones gratuitas fueron de gran ayuda, contribuyeron 50% en mi proceso, el resto fue inversión personal una vez que identifiqué mis áreas de oportunidad. La capacitación permanente dejó de ser un mito para ser una realidad que provocó una movilidad real de saberes que permite a cualquier docente responder a este y otros retos.

La segunda parte de la historia viene con los espacios para compartir, ser una comunidad de aprendizaje que surge del colegiado docente, esa curiosidad inicial que se despertó en varios compañeros nos llevó a solicitar talleres de capacitación a nuestra autoridad inmediata. ¡Aprendiendo, creciendo juntos!

Sin duda esta experiencia pasó de ser una dificultad a una oportunidad para mejorar mi práctica docente.

Finalmente, en mi búsqueda y proceso de investigación llegué al Instituto DIA a través de La Vaca Independiente, a la que seguía desde hace dos años. Sé que me brindará las herramientas necesarias para enriquecer aún más mi práctica porque busco ser un docente integral. Actualmente, gracias a las experiencias compartidas por medio de otros compañeros, he iniciado el desarrollo de proyectos cuyo eje es el arte. El análisis de resultados está próximo y sin duda será provechoso y lleno de aprendizaje. Por todo lo anterior, tengo claro que este no es solo un recuerdo pedagógico más, será un recuerdo angular de la figura docente en la que me quiero convertir.

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